
Primera edición del libro
No Country for Old Men, o “No es país para viejos” en España, ganó en su momento cuatro estatuillas de la academia: mejor película, mejor director, mejor actor secundario y mejor adaptación cinematográfica. Bien, se trata de un reconocimiento tal que difícilmente se pueden hacer objeciones.
Así que resulta bastante arriesgado afirmar que realizar una adaptación del libro homónimo de Cormac McCarthy era un error de grandes magnitudes. Al que tenga la curiosidad, podrá comprobar el porqué de esta afirmación si realiza una lectura detallada de la obra escrita.
Para el cinéfilo que visionó la película en su momento, en las salas, la experiencia probablemente resultó agridulce. Si, es cierto, se trata de una gran actuación. También cabe destacar la imagen, ya que visualmente se trata de una película atractiva. Ciertamente, para que negarlo, se trata de una buena película. Pero ese sabor de boca acompaña al salir de la sala.
La explicación para esa sensación es mucho más simple de lo que aparentemente podría ser. Una vez más, deberíamos remitirnos a la obra original. Cada estilo literario y cada obra tienen unas características y un “espíritu” propios. En el caso de No es país para viejos, se trata de una obra Escrita. La estructura y el lenguaje usados no fueron (obviamente) pensados para ni con imágenes. Así, la novela funciona a la perfección ya que su contenido está acorde con el género. Pero no fue concebida para el mundo audiovisual. No en vano fueron los hermanos Coen quienes la llevaron a la gran pantalla, reconocidos por su talento, más como guionistas que como directores.
Es por lo tanto una película que, a pesar de haber sido un éxito para el público, resulta un desastre a nivel conceptual. Se ha realizado una adaptación; brillante dados los resultados, de una obra esencialmente literaria, lo cual se aprecia en la sensación final del espectador.